¡Gracias Dios! ¡Gracias hermandad!
Acercándonos a un acontecimiento tan valioso para mi, mi esposa, mis hijos y la hermandad, por mi mente pasa corno una película los pasajes vividos en el desarrollo de la iglesia aquí, en nuestra ciudad.
En el mes de abril de 1966 venía viajando en barco desde la Capital Federal con destino a la ciudad de Río Gallegos (provincia de Santa Cruz). Antes de entrar al puerto, el barco ancló en el golfo. Desde allí pude contemplar bien la ciudad de Comodoro Rivadavia. En ese momento Dios puso un sentir en mi corazón que luego se convertiría en una carga y le dije al Señor: Si tengo que venir a esta ciudad, estoy dispuesto. Lo compartí con mi pastor, el reverendo Roberto Alonso, mi maestro, y también con su esposa, la hermana Haydee, quienes me enseñaron con su vida en Dios rendida a la causa y me dieron su apoyo. A fines del mes de febrero del año 1967, finalizando la Convención Internacional, hablé con el pastor Samuel Sorensen, fundador de esta familia. El me confirmó el llamado diciendo que era el hombre de Dios para Comodoro Rivadavia
De allí volví con una clara visión, dispuesto a dar todo, con una entrega total a la causa. Había que soñar contemplando una obra grande por la fe, cuando todo era ínfimo ante lo que Dios quería hacer en esta ciudad, dependiendo absolutamente de Aquel que me había llamado, corno nos enseñaron nuestros precursores, ya que ellos pisaron antes estas tierras, con mucho más sacrificio, sembrando la palabra en terrenos no preparados. Yo tenía en ese entonces 20 años de edad. Desde la parte alta contemplaba la ciudad confesando que Dios levantaría un pueblo grande redimido, que gozaría los beneficios de Dios. La espera fue por largos meses. Todavía Dios tenía que tratar conmigo, forjar el carácter que Él quería, templándome corno el hierro que pasa por su proceso.
Al siguiente año, en 1968, contraje matrimonio con una hermosa joven misionera procedente de la ciudad de Mar del Plata, que también recorría estas tierras patagónicas. Ella fue la ayuda idónea, la inmediata en el ministerio. Juntos hemos recorrido hasta aquí 32 años en esta hermosa ciudad, donde Dios bendijo nuestras vidas dándonos 7 preciosos hijos.
Desde los inicios, Dios levantó una hermandad que compartió todo con nosotros, sin ellos no se podría haber logrado lo que hasta aquí se hizo.
Cuando hablamos de una visión estamos hablando de tener bien claro en la mente la meta que uno se propuso lograr. Es contemplar con ojos de la fe una obra realizada. Esto lo produce Dios a través del Espíritu Santo.
No puedo mencionar aquí todos los pasajes de esta trayectoria de 33 años, solo darle gracias a Aquel que me llamó, nuestro Señor Jesucristo, a mi esposa, a mis hijos y a la preciosa hermandad, por eso termino exaltando: ¡Gracias Dios! ¡Gracias hermandad de Comodoro Rivadavia por ser protagonista de esta obra monumental que flamea como una bandera de victoria, proclamando el nombre de Cristo!.
Pastor Hernán Pérez
BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL MOVIMIENTO
CRISTIANO y MISIONERO EN COMODORO RIVADAVIA
Dijo Dios a Josué: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1 :9)
La obra del Movimiento Cristiano y Misionero en la ciudad de Comodoro Rivadavia tuvo sus inicios en la década de los años sesenta. Por entonces un pequeño número de fieles comenzaron a reunirse bajo la conducción del hermano Juan Villarroel en una precaria capillita en la ladera del cerro Chenque. Aunque no se registran con exactitud los acontecimientos ocurridos en ese período, se sabe que el hermano a cargo de la obra, hermano Villarroel decide trasladarse a Chile, ocupa su lugar en forma transitoria el joven pastor Abelardo Cabrera, en aquel momento compañero de discipulado del pastor Hernán Pérez, en la ciudad de Puerto Deseado. Su permanencia en la ciudad se limitó a apenas unos pocos meses, lapso que demoraron los trámites de documentación del pastor Pérez en la ciudad de Río Gallegos.
Hernán Pérez llega a Comodoro Rivadavia a fines del año 1966 y se hace cargo de la obra. El hermano Abelardo Cabrera deja la ciudad y se dirige hacia el norte del país, y luego de permanecer un tiempo en la ciudad de Pocitos, provincia de Salta, se instala en Yacuiba, Bolivia, transformándose en uno de los líderes del Movimiento en dicho País.
Es entonces con el inicio del año 1967 que se comienza a gestar la visión de la obra del Movimiento Cristiano y Misionero en Comodoro Rivadavia que alcanza su máxima expresión en nuestros días.
Los comienzos no pudieron ser más austeros. Una simple y pequeña casillita prefabricada sirve como local para la reunión de la incipiente congregación. Una sencilla capillita ubicada en la ladera del cerro Chenque, a metros de la unión de las calles Alvear y Alem, en el barrio Pietrobelli fue testigo de la entrega absoluta de aquellos primeros integrantes de nuestra familia. Tiempos de necesidades y sacrificios. Sin servicio eléctrico, sin gas natural, sin agua corriente, el piso de tierra y la inmensidad de la Patagonia fueron marco indisoluble de ese mover espiritual en los corazones de nuestros primeros hermanos. Vienen a la memoria los apellidos de las primeras familias que se reunían en esos años: Levill, Broca, Díaz, Tirucán, Nauto, entre otras. También se recuerda a nuestro hermano Remigio Ignacio, uno de los primeros jóvenes y también primer discípulo de la obra en nuestra ciudad y actual pastor de la iglesia de Puerto Madryn.
El 30 de setiembre del año 1968 el pastor Hernán Pérez contrae matrimonio con la hermana Cristina del Busto, joven misionera oriunda de la ciudad de Mar del Plata quien había sentido en su corazón la carga por esta región austral del país. De este modo y casi simultáneamente comienza a crecer en forma paralela la obra del Señor y la familia pastoral.
Conscientes de la necesidad de dar a conocer la Palabra del Señor y con una firme convicción de que los tiempos de Dios se remiten a la necesidad imperiosa y urgente de salvar almas y aconsejados por el pastor Samuel Sorensen, fundador del Movimiento, se organiza la Primera Convención Regional en Comodoro Rivadavia, que se lleva a cabo durante los días 10 y 4 de mayo del año 1969, en las instalaciones del club Gimnasia y Esgrima de la calle San Martín, con la participación como principal orador del mismo pastor Sorensen.
Unos meses después de este .importante acontecimiento, la pequeña congregación se traslada a un local prestado, de muy pequeñas dimensiones (7 x 5 metros), ubicado en la calle Misiones entre Alvear y Alem. Es en este sitio donde comienza a crecer la visión de expansión de la obra, por lo que se considera necesario el asentamiento en un lugar estratégico de la ciudad. Por ese entonces ya se habían agregado a la hermandad las familias Rogel y Catalán.
Surge entonces la posibilidad de ocupar un terreno perteneciente al hermano Julio Broca ubicado en el pasaje Paraná al cuatrocientos, en el Barrio José Fuchs.
Por ese tiempo se comienza a organizar una cruzada evangelística que se lleva a cabo en la Sociedad Rural, los días 6 al 18 de enero de 1970, con la participación del pastor Oscar Daruich.
Esta Gran Cruzada de Fe culminó con un éxito tremendo, una multitud se dio cita cada día para recibir el mensaje de salvación de parte de Dios. Los frutos obtenidos en dicha campaña rápidamente se transformaron en la base y el sustento de la obra ya instalada definitivamente en Comodoro Rivadavia. Las familias Ojeda, Rua, Rodríguez, Remolcoy, Bello, Luján, Musso, Valdéz, Cárdenas, Fuentes, Villegas, Miyapán y la familia del actual pastor de la iglesia de Sierra Grande: Rudesindo Segundo Pérez.
El día posterior a la finalización de esta cruzada, domingo 19 de enero, la iglesia se reúne en el terreno de la calle Paraná 421 y celebra el primer culto que, por supuesto, se efectúa al aire libre, ya que en el predio no había ningún tipo de construcción. En los días posteriores se procede al traslado de la antigua capilla que había sido escenario silencioso de las primeras reuniones en el barrio Pietrobelli y se la instala en el terreno baldío.
"El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos..." (Nehemías 2:20)
En el mes de mayo de 1970 se comienza a construir la nueva casa de Dios. Bajo la dirección del joven pastor se inicia la tarea de levantar el templo, cuya etapa inicial se completa unos meses después, precisamente en noviembre del mismo año, cuando finaliza la construcción de la mitad del salón del actual templo de la calle Paraná. Entrega absoluta es el denominador por excelencia que caracterizó a nuestros hermanos de aquella época. Dedicación total, sacrificio extremo y confianza completa en nuestro Redentor fueron los pilares que llevaron a la culminación de la obra en el año 1974. Posteriormente, con el transcurrir de los años, se fueron agregando al edificio original la casa pastoral y el resto de las instalaciones de la actual estructura.
Paralelamente a estos adelantos edilicios, la congregación iba creciendo y familias se iban integrando a la obra de Dios. Esto determinó que se tomaran otras responsabilidades y con una nueva visión la iglesia comenzó a expandirse
A mediados de los años 80, la hermana Cristina sintió la necesidad en su corazón de apartar a las hermanas para orar y viendo el crecimiento numérico del grupo fue necesario designar a hermanas fieles para que cada una de ellas dirigiese grupos de oración distribuidos en los diferentes barrios de la ciudad. Esta experiencia fue asimilada y dio como resultado la creación de los grupos familiares que comenzaron a reunirse semanalmente en los distintos barrios.
"Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2:47)
A partir de este tiempo la iglesia comenzó a crecer en forma constante y permanente. Se hizo manifiesto el crecimiento en el grupo de jóvenes y su participación en las actividades de la iglesia.
Con este aumento progresivo fue necesario trasladar las reuniones dominicales a lugares más amplios, debido a que las instalaciones comenzaron a ser insuficientes para albergar a la cantidad de fieles que domingo tras domingo se congregaban para escuchar la palabra de Dios y entregar sus vidas al Señor.
Durante los años noventa se realizaron reuniones en el Teatro Español y posteriormente en el Cine Coliseo. y esto ocurrió por varios años. Promediando los años noventa la cita dominical tuvo lugar en los salones de distintos colegios. Primero fue en la Escuela N° 13, a cuadras del Templo y luego en el gimnasio de la Escuela N° 711, donde también se desarrollaba la actividad de la Escuela Dominical.
Fue evidente contar con una estructura propia, cuya envergadura satisficiera las demandas que el crecimiento de la iglesia ocasionaba.
"...trae madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová." (Hageo 1 :8)
La visión de los siervos del Señor tiene acogida en la congregación con gran entusiasmo. En 1983 se solicita el terreno fiscal en donde se emplazaría el nuevo Templo. El mismo es adjudicado en una zona periférica de la ciudad, corría el año 1987. Diez años después del pedido de las tierras se comienza la tarea de construcción del templo. Un nuevo espíritu, un ánimo recobrado y trabajo caracterizó al pueblo de Dios en esta etapa. Nuevamente bajo la firme dirección del pastor se fueron ejecutando cada tramo de la casa de Dios. Eran otros tiempos, otras necesidades, otras pruebas, pero el mismo llamado de Dios a trabajar intensamente, con un mismo espíritu, unánimes en el servicio para nuestro Señor. Fue un tiempo de sacrificio en el cual la realidad se confrontó con lo sagrado y la fe y la confianza en nuestro Dios se hizo manifiesta en cada uno de los hermanos.
Hoy, las puertas del Tabernáculo de la Fe se abren para 'que la comunidad de Comodoro Rivadavia pueda venir en busca del Señor y encuentre salvación para su vida y para que el pueblo de Dios, ese linaje escogido, ese real sacerdocio, esa nación santa, ese pueblo adquirido por Dios anuncie las virtudes de aquel que lo llamó de las tinieblas a su luz admirable y pueda alabar Su Nombre, y darle gracias por la sobre- abundancia de sus bendiciones.
y decimos amén!
HERNÁN y CRISTINA PÉREZ
Omar y Patria Dahhur (pastores de Rawson)
Recordando las enseñanzas y las experiencias en la vida de dos grandes siervos de Dios y con la misma credencial con que se presentaba el apóstol San Pablo, nosotros también presentamos a Hernán y Cristina Pérez, siervos de Jesucristo, llamados al apostolado y apartados para el evangelio.
UNA VIDA DE ENTREGA EN AMOR INCONDICIONAL
Conozco a los pastores Pérez, mis padres espirituales; desde hace aproximadamente veinticinco años. Tuve el inmenso privilegio de comenzar junto a ellos mi servicio al Señor. Tenía por entonces quince años. Dios los utilizó para mi crecimiento como persona, como cristiana y como sierva y participar con ellos de una de las etapas más difíciles pero a su vez especial de la obra de Dios. ¿Difícil, se estará preguntando? ( Sí) Porque no siempre las cosas fueron como hoy las disfrutamos. Tiene un despliegue de valientes y como toda visión tuvo que ser procesada para llegar a dar su fruto actual.
Señalar el comienzo de esta obra no fue fácil, porque no se trata sólo de un comienzo, sino de toda una VISIÓN y MINISTERIO, que se ha extendido en toda la ciudad de Comodoro Rivadavia.
El pastor Hernán Pérez, nacido en Bolivia pero con su corazón en la Argentina y su apego a las plantas, al café, al maní... cosas estas que lo caracterizan como el amor apasionado por las almas y el fervor por la predicación. Muchos fueron los males y bienes del camino, pero a la vez, entendiendo que había un proyecto maravilloso para la ciudad y sus alrededores. Por lo tanto, no quería dar un paso hacia atrás, ni tampoco apresurarse. Para estos dos siervos de Dios, el hermano Hernán y la hermana Cristina, era una constante búsqueda del cumplimiento de esa visión, entregándose en amor incondicional y con una paciencia increíble. Qué maravilloso es poder absorber estas cosas! Obviamente se reciben de una íntima y constante amistad con .el Señor Jesús y cómo lo hacían! A través de muchas noches en oración y comiendo juntos el pan de lágrimas. ¡No! No ha sido fácil. Cuántos esfuerzos demandó la obra! Esfuerzo económico, psicosocial... y aunque nunca faltan los pesimistas de siempre, hubo un mayor grupo de preciosos hermanos que unían esfuerzos para complementar y fortalecer los brazos de sus siervos.
El pastor Hernán no es de los que retroceden ni de los que se desaniman fácilmente. Cuando el templo estaba lleno ya se encontraba en marcha el "Proyecto Tabernáculo" y así comenzó una nueva etapa para la iglesia. Los años siguientes fueron de crecimiento y de bendición. Gloria al Señor! A pesar de la responsabilidad que acarrea semejante demanda siempre hubo una sabia conducción que produjo satisfacción por la meta cumplida, por la prosperidad y el crecimiento.
Patricia de Dahhur
PASIÓN POR LOS PERDIDOS
No quiero dejar de destacar la trayectoria de nuestros queridos pastores a quienes respetamos mucho y a quienes admiramos su amplia visión y disposición para formar obreros (tarea difícil esta).
Fue una de las cargas que prevaleció en sus vidas, la de preparar siervos para la obra de Dios, y el anhelo de cubrir la Patagonia con hombres y mujeres que abrazaron la visión que les fue impartida.
Dios los ha escogido como portavoz del mensaje que está sacudiendo corazones. Un mensaje sencillo, directo y profundo, que ha traído salud a muchos.
No puedo decir otra cosa, sino que todo esto ha nacido en el "corazón de Dios" y hemos visto que moviliza, que conmueve y que llama a la entrega total y no sólo esto, sino que despierta a la iglesia a mirar con los ojos de Dios y a sentir como ellos: la pasión por los perdidos.
Otra de las cargas de estos siervos de Dios es que toda su familia pueda servir al Señor y a pesar de los embates que todo siervo de Dios enfrenta, nunca han menguado en su fe y permanecen firmes creyendo por cada hijo y cada yerno para que sean instrumentos útiles en las manos de Dios.
Hernán Pérez, un hombre de pocas palabras pero con un gran sentido de compañerismo que lo caracteriza y en el cual ha fundamentado su hogar y lo mas caro que Dios puso en sus manos: La iglesia.
UN PREMIO A LA FE
Uno de los más importantes sentidos que Dios nos ha dado para podemos entender entre nosotros, es sin duda alguna, el poder oír a otros. De esta forma sabemos qué desea aquel que está a nuestro lado o aquel que pasa por casualidad cerca nuestro y nos pide algo.
Sin la audición las cosas hubiesen sido muy difíciles, pero sabemos, desde ya, que Dios no se equivoca. Así también, como" hijos de Dios, hemos sido hechos para oír la voz de nuestro Padre Celestial. Esto es a su vez más difícil que lo anterior, ya que esa dulce voz la pueden oír sólo aquellos que desean hacer su buena, agradable y perfecta voluntad.
Dios ha estado hablando por muchos años de las obras grandes y gloriosas que Él haría, y sin duda, alguien ha estado oyendo su voz y no sólo oyendo sino también caminando con Fe sobre esas palabras dichas por el Soberano.
Así como vemos al gran Noé, creyendo aquello que Dios .le había hablado: "Caería un diluvio de aguas sobre la tierra". ¿Cómo esto iba a ser posible si ni aún una vez había llovido? Nadie sabía lo que era ver caer agua del cielo!! Hasta aquel momento la tierra se regaba con un vapor que subía desde la misma tierra. Entonces... había que creerle a Dios o pensar que eran imaginaciones del mismo Noé. Por esta razón tal vez sus contemporáneos le tildaron de loco, se habrán burlado una y otra vez de él. Pero la clave estaba en que Noé tenía la certeza de que él había oído la voz del Señor.
Sí, quizás dudó alguna vez ¿por qué no? Era tan humano como nosotros. Pero él continuó su tarea, hasta concluirla y como premio a su obediencia se salvó él y su familia.
Pero volvamos a estas últimas cuatro décadas. Dios ha hablado, pero... ¿Cuántos le han creído? Siempre escuché palabras de confesión similares a estas: "Creemos en un Dios grande y Él ha prometido hacer grandes cosas", o esto otro: "¿No nos podrá sostener Él a nosotros? Hemos nacido de la nada pero Dios ya nos ha dado grandes cosas y nos dará mucho más aun". Palabras que a su vez se me pegaron tanto que no hago más que repetirlas y sigo creyendo para nuestro lugar esas cosas gloriosas y maravillosas que nuestro Dios hará.
Años atrás Dios me permitió estar cerca de alguien que supo escuchar y también creer lo que Dios estaba diciendo. Se proclamaban multitudes, pero ¿dónde estaban? Un templo colmado que resultó ser chico para las demandas actuales. Y se pugnó por conseguir nuevas tierras, en el mismo barrio, un poco más lejos, pero todo era simplemente una búsqueda intentando saber cuál sería la voluntad de Dios. y de repente delante de todos se presentó la oportunidad de tener nuevas tierras, pero había una inquietud. ¿Sería ese el lugar que nuestro Dios tenía para damos? Un sitio tan lejos de la comunidad ¿sería el llamado por aquel tiempo la zona de los hornos ese lugar? ¿Tal vez Dios se había equivocado? Pero ¡No!, DIOS NUNCA SE EQUIVOCA Y nuestro pastor lo escuchó bien y lo entendió mejor: ese era el lugar donde se levantaría el templo.
La Palabra de Dios nos habla de un hombre como Nehemías. Alguien que sin dudas fue como se lo llama: un restaurador. El lugar que en otro tiempo había sido utilizado para adorar a Dios, ahora se encontraba en ruinas y este varón, llamado Nehemías, también supo escuchar el llamado de Dios para ejecutar una gran tarea. No sólo reedificar los muros de la santa ciudad, sino además lograr que el pueblo mismo volviera a la adoración, a la lectura de la ley y a andar por los caminos que Dios había marcado.
y se comenzó con el trabajo, pero con el trabajo vino el desaliento, que no llegó a hacer mella en la vida del propio Nehemías. Allí estaban los desanimadores, entre ellos: Sanbalat y Tobías, hombres que de una u otra forma querían hacer cesar el trabajo del pueblo que había comprendido el plan de Dios para él. Sin duda la perseverancia de Nehemías fue vital para terminar la obra encarada por él mismo, pero que contaba con el respaldo absoluto de Dios, este Dios que también respaldó a su siervo Hernán Pérez y que estoy seguro lo alentó en los momentos más difíciles, cuando él mismo, como alguna vez lo expresara, llegó a pensar si realmente Dios lo había enviado o no a hacer una obra de tal envergadura como la que hoy podemos contemplar como testigos.
Llegando al final de este tan esperado dos mil, no quedan dudas que, como dije antes, este varón oyó y ejecutó lo que Dios le mandó a hacer. y porque Él habló, Él también proveyó y así podemos decir que delante de nosotros tenemos realmente... UNA OBRA DE FE.
Manuel Mansilla
Pastor M.C.M.
PALABRAS
FINALES...
Dijo Jesús: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por sus ovejas... Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida
por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de : este redil aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y
habrá un rebaño, y un pastor. (Juan 10:11,14-16)
Aunque se llenen todos los templos de la ciudad aún habrá personas que necesitarán ser salvadas. Dios no nos mandó a llenar templos sino a llenar el cielo, por eso la obra no se detiene, debe seguir creciendo, debe seguir progresando... con la firme convicción que siempre habrá un Dios, un rebaño y un pastor.
lo mencionado en esta sección fue tomado de la publicación Un Dios, Un Rebaño, Un pastor, de la inauguración del tabernáculo de la fe del movimiento cristiano y misionero de Comodoro Rivadavia ,además esta publicación esta acompañada de fotos las cuales puede ver en la galería de fotos